Finalmente he empezado a aceptar la incesante maraña de cables y postes aéreos que definen gran parte del horizonte de Los Ángeles, después de años de detestarlos y resentirlos. Debido a los terremotos ocasionales, estas líneas de servicios públicos no pueden enterrarse bajo las calles y aceras como en muchas otras grandes ciudades. Así que nos vemos obligados a convivir con ellas.
Pero finalmente, comencé a ver los postes y los cables no solo como una plaga inevitable, sino más bien como recipientes. Capaces de transmitir su propia belleza predecible, esculpen y dividen los planos del cielo de maneras abstractas y siempre sorprendentes.
Colores destacados en esta pintura:
Al darme cuenta de esto, experimenté otro tipo de despertar, tanto a nivel personal como artístico. La belleza no siempre se encuentra en los lugares obvios o esperados. Lo mismo puede decirse de las personas, las ideas o las formas de ser.
La belleza no se conforma con ser definida de forma tan estrecha y, además, en realidad no se puede encontrar en qué ya vemos, pero en cómo Elegimos o aprendemos a ver.
En otras palabras, la belleza no reside tanto en nuestros sujetos, sino en la plenitud con que los vemos y los sentimos. Solo entonces, como artistas, podemos centrarnos en cómo plasmar esos sentimientos en papel o lienzo.






